CONMEBOL intensifica su presión por más plazas y un calendario laxo. La retórica de inclusión ensancha la puerta, achica el desafío. En esa lógica, la expansión mundialista a 64 selecciones seduce y adormece.
Ustedes lo saben, con 48 selecciones desde 2026, cuando clasificar se vuelve casi garantizado, el drama se desinfla. Las eliminatorias sudamericanas en riesgo pierden altura, viajes exigentes y noches crudas que templaban carácter. Si todo entra, queda el mérito deportivo en juego reducido a una formalidad repetida. Eso no tiene gloria.
Más cupos, menos mérito y menos tensión
La propuesta de ampliar la presencia sudamericana en el Mundial promete inclusión, pero recorta la dificultad que daba sentido a las Eliminatorias. Ese atajo se transforma en cupos ampliados sin competencia, con menos partidos decisivos y menos escalones que subir. Para ustedes, el viaje se encoge.
Ganar en La Paz o en Barranquilla ha sido un examen de carácter que separa a aspirantes de contendientes. Si el acceso se ablanda, baja el valor de clasificación y se diluye la épica de esas rutas que forjan selecciones competitivas.
¿Qué pierde el fútbol si se diluyen las eliminatorias sudamericanas?
¿Qué se pierde cuando las Eliminatorias se reducen a trámite y calendario liviano? La región se queda con un calendario CONMEBOL debilitado y con noches de eliminatoria perdidas, esas que llenaban estadios de Lima, Bogotá y Santiago, templaban nervios y dejaban lecciones que iban más allá del marcador.
Las rivalidades que hoy exigen al límite —Brasil vs. Argentina, Uruguay vs. Chile— perderían filo y relato. Con menos eliminaciones y más cupos, asoma una tensión competitiva reducida y un filtro deportivo desdibujado, de modo que llegan al Mundial equipos que no pasaron la prueba del viaje.