La presión no era menor, porque Argentina venía de dejar señales opacas y necesitaba una respuesta visible. La consiguió con goles, pero no con una actuación que despejara cada sospecha.
En la última ventana internacional, el equipo alivió el clima con una goleada amplia, sostuvo por momentos el control y recuperó algo de crédito. Tras unos amistosos previos inquietantes, mejoró su imagen ante su gente y dejó abiertas varias pruebas de Scaloni, todavía bajo observación, sin borrar del todo las grietas que acompañan al grupo
Un gol temprano alivió la noche, pero no borró las dudas
La noche se aquietó rápido en la Bombonera gracias a una entrada agresiva de Argentina. A los pocos minutos llegó el 1-0, y el gol de Julián Álvarez bajó el murmullo de las tribunas, sensibles todavía por la actuación anterior.
El alivio, de todos modos, no cambió el tono del primer tramo. Frente al bloque bajo zambiano, el local cayó en una circulación lenta, atacó con poca sorpresa y dejó ver dudas defensivas en cada avance rival, aunque el marcador ya se había abierto.
Messi marcó el ritmo y Otamendi estiró la ventaja
Con Messi en el campo, el partido ganó pausa y claridad entre líneas. Su influencia de Messi se notó en cada recepción, en la manera de atraer marcas y en el gol que firmó antes del descanso, una acción que ordenó a Argentina y encendió a la Bombonera.
Ya con ventaja amplia, hubo un gesto que dijo mucho más que una jugada aislada. Messi cedió el penal para Otamendi y reforzó su liderazgo dentro del campo, porque eligió compartir foco en una noche que pedía serenidad antes del Mundial.
A retener : la entrada de Messi cambió el pulso del ataque y le dio otra jerarquía a un partido que había empezado espeso.
Tras el descanso, el equipo de Scaloni mostró otra cara
Después del entretiempo, el equipo salió con otra energía y con distancias mejor medidas. Los ajustes en el descanso dieron una presión más coordinada, cerraron rebotes en campo propio y permitieron atacar con más gente, sin quedar tan expuesto cuando Zambia encontraba aire.
También pesaron los cambios de Scaloni, pensados para repartir cargas y ensayar variantes. El ingreso de Musso sostuvo la seguridad en el arco, mientras los minutos para Perrone sirvieron para darle orden al medio y probar otra circulación.
Barco cerró la goleada y la Bombonera recuperó la calma
Con el rival ya partido, el cierre tuvo menos tensión y más espacios. La jugada que terminó en el autogol de Chanda empujó el resultado hacia una goleada sin discusiones y liberó a un equipo que hasta entonces no había jugado del todo suelto.
Todavía quedaba una postal para redondear la noche. La definición de Barco selló el festejo y provocó la ovación en la Bombonera, que pasó del examen silencioso del arranque a un alivio claro, con mejores sensaciones de cara a lo que viene.
