Fede Valverde reapareció en Valdebebas con una calma que no borró las miradas. El regreso del uruguayo llega mientras la tensión interna aún marca el pulso del Real Madrid.
La sesión abrió una rendija deportiva ante el Sevilla, aunque nadie interpreta su vuelta como un simple trámite. Tras la pelea con Tchouaméni, el vestuario blanco observa cada gesto, cada silencio y cada matiz de una sanción privada que todavía pesa demasiado en la rutina diaria.
El regreso al entrenamiento reabre la puerta ante el Sevilla
Fede Valverde reapareció en la ciudad deportiva blanca con gesto serio y trabajo controlado. Su vuelta al entrenamiento del Real Madrid, tras la pelea con Aurélien Tchouaméni, rebaja la tensión deportiva, aunque el cuerpo técnico medirá cada carga antes del próximo partido.
El paso no garantiza todavía el alta médica, porque el club quiere evitar riesgos con un jugador que sostiene buena parte del equilibrio blanco. Si responde sin molestias, Valverde podría entrar en la convocatoria para la visita al Sevilla, prevista en el Ramón Sánchez Pizjuán, un escenario áspero para medir su reacción.
La sanción interna deja a Valverde bajo la lupa del vestuario
La dirección blanca intentó cerrar el incendio sin convertirlo en un juicio público. En el vestuario se habla de sanción disciplinaria y de una posible multa interna, medidas pensadas para recordar límites, no para romper la convivencia entre dos centrocampistas llamados a competir juntos.
El ruido externo, lejos de apagarse, añade presión sobre Valverde. Alrededor del caso han circulado peticiones de traspaso y menciones al interés del PSG, aunque el Real Madrid mantiene la gestión puertas adentro y espera que la respuesta llegue sobre el césped.