La imagen no necesitó demasiadas repeticiones para instalar una sospecha incómoda alrededor del arbitraje. En medio de la polémica arbitral, el gesto de Messi sobre Mandi dejó más preguntas que certezas.
El árbitro cobró falta y el VAR decidió no intervenir, una combinación que alimentó el ruido después del minuto 32. Para la FIFA, el capitán argentino queda bajo una lupa incómoda: si hay revisión posterior, la posible sanción dependerá de cómo se lea el partido ante Argelia. Y nada más.
La acción que el VAR dejó correr en el minuto 32
En el minuto 32, la imagen que encendió la discusión mostró a Lionel Messi llegando tarde sobre Aïssa Mandi. El árbitro detuvo el juego por una falta señalada, pero no llevó la acción al terreno de la expulsión.
La secuencia dejó una sensación incómoda porque el pie del argentino impactó en una zona sensible de la pierna del defensor argelino. Pese al contacto peligroso, la sala no pidió una revisión del VAR, y la decisión quedó dentro del margen interpretativo del colegiado.
Entre el reglamento y la interpretación disciplinaria
El partido no puede reescribirse con una tarjeta roja dictada después. Si el árbitro no expulsó a Messi durante el juego, el marcador y el acta deportiva permanecen cerrados, salvo que la FIFA detecte base para un procedimiento disciplinario.
Ahí entra otra lectura. El informe arbitral y las imágenes servirían para valorar si la entrada encaja como falta grave. Una sanción posterior no corregiría la decisión de campo, pero sí podría castigar una conducta no apreciada en toda su dimensión.
Probablemente debió recibir una tarjeta roja.
Nedum Onuoha, exdefensor, en ESPN
Messi, la vara de los grandes nombres y el malestar argelino
El nombre de Messi amplifica cualquier gesto y cualquier silencio arbitral. Para una parte de los observadores, la falta sobre Mandi alimenta la sospecha de un trato desigual cuando el protagonista pertenece al grupo de las figuras más protegidas.
Desde Argelia, la lectura es más amarga. No solo se discute la entrada, sino la percepción de que los grandes jugadores reciben una tolerancia distinta en jugadas límite. Ese malestar argelino seguirá vivo mientras la FIFA no aclare si revisará el caso.