Brasil arrastra una ausencia que ya pesa más que cualquier ranking desde la corona de 2002. Cafu ve en el Mundial de 2026 una señal capaz de encender otra fe.
La coincidencia no gana partidos, pero en Brasil las fechas felices saben convertirse en combustible. A la Seleção brasileña le espera una ruta incómoda, con Marruecos como prueba inicial y la presión de perseguir un título mundial que falta desde hace 24 años. La nostalgia no defiende sola, ni remata.
Cafu se aferra al guiño de 1994 y 2002
Cafu no vende certezas, pero su lectura suena a aviso para los rivales. El capitán brasileño del título de 2002 mira hacia el Mundial 2026 con una confianza apoyada en el eco de Estados Unidos 1994.
La cuenta seduce a Brasil por su aire de revancha. Entre 1970 y 1994 pasaron 24 años; entre 2002 y 2026 ocurre lo mismo, una espera histórica que Cafu interpreta como un símbolo positivo, según L’Équipe.
Hay una coincidencia que me gusta: Brasil ganó en 1970, esperó 24 años para volver a ganar en 1994, y ahora se cumplen 24 años desde el título de 2002.
Cafu, excapitán de Brasil, en L’Équipe
Brasil siempre tiene la obligación de pelear por los grandes títulos. Cuando empieza un Mundial, no puede entrar pensando en otra cosa que no sea ganar.
Cafu, excapitán de Brasil, en L’Équipe
Marruecos mide de entrada la ambición brasileña
El calendario no ofrece una entrada suave para la Canarinha. Su debut brasileño ante Marruecos pondrá a prueba el pulso competitivo de un equipo que carga con la sequía mundial desde 2002.
El rival llega con memoria reciente y respeto ganado en Catar 2022. Aquel choque ante Marruecos ya exige máxima atención, porque el conjunto africano fue semifinalista mundialista y demostró que puede incomodar a cualquier favorito.