Laporta ha vuelto a poner a Lamine Yamal en el centro del tablero, justo cuando el Barcelona necesita blindar símbolos, ordenar su relato y convertir cada desmentido ajeno en una ventaja propia.
Desde París niegan la maniobra, pero el ruido no se apaga. Para Joan Laporta, aquella oferta de 250 millones retrataba un interés parisino, mientras otras voces la rebajan a un rumor de mercado útil para reforzar una posición interna, tensar la conversación pública y recordar que Yamal pesa como argumento institucional, no deportivo. Se acabó.
El relato de Laporta y el valor político de los 250 millones
Según contó Joan Laporta en la Cadena SER, el Barça rechazó una propuesta de 250 millones de euros por Lamine Yamal atribuida al PSG. Con esa versión, el presidente reabre un episodio que refuerza su discurso presidencial ante el socio blaugrana en un momento de debate interno.
No era solo una cifra llamativa. En el relato de Laporta, pesan el orgullo institucional, la reelección blaugrana y la imagen de Yamal como joya de La Masia, un símbolo útil cuando la gestión se mide también en emociones y liderazgo político.
¿Qué sostiene el PSG para desmentir esa oferta?
En París sostienen otra cosa. El club niega que existiera una oferta formal de 250 millones y mantiene un desmentido oficial que enfría la historia repetida por Laporta, sin admitir una ofensiva cerrada por el extremo azulgrana.
Desde el entorno del PSG se remite el caso a una charla sin recorrido. Ahí aparecen la versión parisina, un contacto preliminar y el freno del fair play financiero para negar que existiera una propuesta de 250 millones por el joven atacante.
Tuvimos una oferta de 250 millones de euros por Lamine Yamal y dijimos que no.
Joan Laporta
Entre campaña interna y ruido mediático alrededor de Yamal
Lejos de quedar cerrado, el asunto reaparece cada vez que Laporta necesita ordenar su mensaje. Ahí entra la campaña electoral culé : presentar a Yamal como una negativa histórica al PSG da brillo a su gestión y cohesiona al barcelonismo.
Al mismo tiempo, el futbolista de 17 años queda rodeado por la presión mediática. Ese ruido alimenta un relato para socios que mezcla orgullo, futuro y pugna con París, mientras el jugador sigue siendo el centro del debate.
